viernes, 8 de julio de 2011

EN LA OSCURIDAD

 Como una puerta con la llave echada, a veces nos negamos a dejar a nadie entrar.

 Para abrirle, habrá de decir la contraseña. Las palabras adecuadas en el momento justo.

 No siempre aciertan. Han de conocer la cerradura tan bien como para ser capaces de abrirla, a tientas, en la oscuridad.

PROMESAS

Nadie es - o debe ser - rehén de sus palabras. Ni se le puede llevar ante un juez por sus promesas.

  - ¡Es que me dijo que me querría siempre!

  A lo que el juez respondería...

  - ¿Y...?

  Porque los jueces tampoco cumplen sus promesas.

  De nada sirve prometer llevar el desayuno a la cama todos los días de una vida, como el chico del anuncio.

  Al cabo de unas semanas, se acabará cansando el que lo lleva... y hasta la que lo recibe. Porque de lo que más se cansa uno/a es de la monotonía.

  Basta ver la alegría de los niños al recibir un regalo y cómo lo apartan al cabo de unos días cuando se cansan de él.