Después de una reunión de amigos en la que tal vez hayáis guardado la compostura por temor a lo que dijesen los demás, en la que habréis intercambiado miradas y sonrisas cómplices, u os hayáis acariciado tímidamente, se suelen vivir los más dulces momentos de pareja.
Alegres y relajados, ya solos de nuevo en casa, os habréis tumbado en un sofá, o sobre una cama y os habréis besado y acariciado sutilmente quizá buscando la adecuada predisposición del otro.
Afortunadamente el otro siente y desea lo mismo que tú y en la intimidad podréis saciar por fin el deseo acumulado, darle rienda suelta, sentir su llamada.
No hace falta pensar. Sólo sentir cómo incendia vuestros cuerpos por momentos y encuentra salida como el agua cuando se abre una presa.