Hace tiempo tuve una relación con una chica que se llamaba Lorena. Era bibliotecaria y le encantaba el arte en general. Yo les había dicho a mis amigos que la mujer con la que acabase... tenía que amar mi discurso.
Mis amigos me decían...
- Rafa, confórmate con que lo soporte.
Cuando empecé con Lorena, mis amigos recordaron aquella frase y me preguntaron...
- Bueno, ¿y Lorena? ¿Ama tu discurso?
- Pues no lo sé - les dije. Se lo preguntaré.
Y se lo pregunté.
- Por supuesto - me respondió ella.
Pero lo bonito no es que una mujer ame tu discurso. Lo importante es que te ayude a construirlo.
Sobretodo, uno como el mío que habla de amor. Porque sería terrible no ser coherente entre lo que uno dice y lo que luego hace.