Llega un momento en el que uno ya no se fija en el físico de las personas.
Es un momento, no una edad. Y llega, cuando conocemos suficientemente a esa persona. Puede ser un amigo o una amiga. Cuando nos dirigimos a él, cuando nos acercamos, ya no le vemos guapo o feo. Esto ocurre con las parejas que llevan tiempo juntos. Ya no están juntos por la atracción, sino porque se sienten bien el uno al lado del otro. Y si se miran, no ven otra cosa que los momentos vividos, los momentos compartidos.
Es justo ese instante en el que miras y ves el interior de la persona... sin rayos X.

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