Y la espiral, al principio chiquitita, se descontrola al dar unas cuantas vueltas sobre sí misma. Hasta que nadie sabe muy bien cómo empezó ni, por supuesto, cómo detenerla. La culpa, en estos casos, nunca la tiene uno. Como dicen los niños: "El fue el que empezó".
Así se podrían describir o explicar muchos conflictos de lugares que no conozco y por los que nunca pasé. Incluso, ésta es la razón por la que el amor de Romeo y Julieta se torna imposible.

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