La soledad que a veces experimentamos es una sensación extraña. Porque podemos estar acompañados y, a pesar de ello, sentirnos a disgusto.
Esto ocurre porque, en el fondo de nuestro corazón, esas personas no cuentan.
Pueden, incluso, habernos declarado su amor sincero e incondicional. Pero, si no sentimos nada hacia ellos... el casillero donde vamos anotando las personas que nos quieren seguirá vacío. A cero.
Esas personas, mal que nos pese, no contabilizan, ni aliviarán nuestras penas. Sólo aquellos o aquellas por quienes sintamos un amor –o afecto- sincero, puntuarán.
Por eso, cuando no estamos con alguien que nos gusta o agrada de verdad, nos sentimos peor que si estuviéramos solos.
Y es entonces cuando buscamos, de nuevo, la soledad.