El transcurrir del tiempo es caprichoso. Unas veces parece que vuela y otras se estanca. Como el agua ante una presa.
A veces el tiempo, para dos amigos, aunque no se vean, no transcurre. Ese afecto se congela o, como con un fósil, el ámbar impide que se deteriore.
Y ahí se queda. Impertérrito. Esperando el reencuentro.
Y cuando éste se da, esa es la sensación que produce. Que no ha pasado.
No siempre cambiamos. En ocasiones, nos siguen interesando las mismas cosas. Nuestras palabras, nuestros gestos… y hasta nuestro rostro parece el mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario