Nadie es - o debe ser - rehén de sus palabras. Ni se le puede llevar ante un juez por sus promesas.
- ¡Es que me dijo que me querría siempre!
A lo que el juez respondería...
- ¿Y...?
Porque los jueces tampoco cumplen sus promesas.
De nada sirve prometer llevar el desayuno a la cama todos los días de una vida, como el chico del anuncio.
Al cabo de unas semanas, se acabará cansando el que lo lleva... y hasta la que lo recibe. Porque de lo que más se cansa uno/a es de la monotonía.
Basta ver la alegría de los niños al recibir un regalo y cómo lo apartan al cabo de unos días cuando se cansan de él.
Si el regalo no es material,se tarda mucho en olvidarlo,no quiero que me lleven nada a la cama, me gusta más preparar el desayuno juntos,y compartir la tostada,como siempre, me encanta leerte...saludos rafael.
ResponderEliminarcompartirla hasta el último trocito... mmm... que ricoooo
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