Me recuerdo aquella tarde como un pulpo. Tratando con mis manos de acercar tu cintura a la mía. Con mis brazos, que debieron parecerte siete u ocho, de atraerte hacia mí... mientras tú te tratabas de zafar de ellos, golpeando mis manos con una dulce reprimenda.
Bonitos recuerdos de una tarde en la que mis brazos se movían atraídos por el deseo de abrazarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario