- Yo, quisiera... regalarte mi corazón.
- ¿Por qué a mi? – quizá me preguntes - ¿Crees que yo sabré cuidarlo?
- No lo sé. Eso no puedo saberlo aún... Te lo prestaré, como se prestan un juguete dos niños, como se prestan una falda dos amigas... confiando en que lo trates como si fuera tuyo.
Si un día veo que lo maltratas, o lo pisoteas, iré a tu casa y te pediré que me lo devuelvas. Que he cambiado de opinión. Que he llegado a la conclusión de que no lo mereces.
Y buscaré otra persona a quien dárselo. A quien ofrecérselo. Porque tú habrás demostrado que para ti, mi corazón o mis sentimientos, no significan nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario