Existen muchos sabores en la vida. Muchas sensaciones que pararse a sentir. A saborear. El amor es una de ellas. No la única, por supuesto.
Uno puede probar un helado y pensar. "Ummm, qué rico" Y enseguida desear probar una nueva cucharadita... buscando volver a estremecerse.
El amor tiene muchos sabores. Digamos que es, más bien, una materia prima con la que se pueden preparar muchos platos. Dicen que lento y con cariño los guisos saben mejor. De hecho, los gourmets son enemigos del fast food o la comida rápida.
Algunos, hambrientos, desearán saciar su apetito rápidamente... "Venga. Lo que sea, ya" -dirán-. "Vuelta y vuelta, y a la boca". Pero no puede saber igual. Ni uno puede alimentarse toda la vida así. Ha de cuidar lo que ingiere. Y es que, aunque el amor, no sea un alimento... alimenta. Y, a veces, incluso, hasta se indigesta...

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