Eres una maestra exigente. Como aquella que espera un resultado mejor de un alumno que sabe que no está dando todo lo que puede.
Como alumno, lo prefiero. Prefiero que pongas alto el listón. Que yo pueda preguntarme qué pasa: ¿por qué no obtengo mejores resultados? ¿Por qué mis exámenes aprueban con un cinco raspado las veces que no suspendo? Yo miro la calificación destacada en rojo en la parte superior de la parte superior del folio extrañado de la poca nota obtenida. "Pensé que esta vez lo había hecho mejor" - pienso para mí. Y me enfrento a la recuperación, habiendo escuchado atentamente la corrección del examen. Lo que pides para aprobar.
No me asusta el examen de recuperación. Señorita, sé que lo hace por mi bien. Que le gustan los alumnos aplicados, comprometidos con esta asignatura. La asignatura del amor.
- Haré los deberes señorita - le digo-. El próximo examen lo haré mejor.

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