El amor es como uno de esos pollitos amarillos que venden en algunas tiendas y que uno no se atreve a coger por miedo a hacerle daño. O por miedo a que el pollito nos pellizque la mano con su piquito, nos veamos obligados a soltarlo, se caiga y se haga daño.
Pocas cosas hay tan tiernas como el pollito de suaves plumas amarillas.
A medida que pasa el tiempo, uno descubre el amor. Y se descubre a sí mismo frente a él. Frente a ese pollito delicado al que no desea estrangular, apretando la mano con demasiada fuerza.

Wendy mi pollito amarillo, te amo!!!
ResponderEliminar