Reconocer nuestra debilidad es un signo de fortaleza.
El que aparenta ser fuerte… sólo trata de convencer a los demás y, de paso, a sí mismo. Pero llegará el día en que algo le ocurra y tenga que admitirlo.
- Yo no soy tan fuerte como creéis – dirá a sus allegados.
Algunos quizá, que hasta entonces se apoyaban en él o ella, sacarán entonces las fuerzas que guardaban y aceptarán ser más fuertes de lo que reconocían por cobardía o simplemente inseguridad.
Cada uno se esconde en un rol diferente. Unos van de fuertes, de líderes, de valientes. Otros simplemente se dejan guiar. Pero al final se demuestra que todos somos más o menos iguales. O que tenemos, al menos, recursos parecidos.
Sólo tiene que surgir la oportunidad de demostrarlo.
Ya no solo es el Demiurgo, quien manipula nuestra percepción, si no que nosotros mismos, decidimos cambiarla para hacer la vida más soportable.
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