Idealizar a una persona no es malo. Es lo normal cuando dos personas se enamoran. Todo les parece bien. La luz, vence a las sombras.
Lo malo es cuando esa luz deja de brillar con la intensidad con la que lo hacía al principio. Cuando algo eclipsa ese brillo.
Uno no debe dejar de brillar. Es al revés. El brillo ha de ser cada día más intenso.
Perdóname si te idealizo. Perdona si lucho porque me idealices. Me gustaría mirarte a la cara, a los ojos y pensar que eres la mujer más bonita del mundo. Quizá objetivamente no sea cierto. Tal vez haya cinco o seis más guapas que tú. Pero, ¿a quién le importa? Tampoco yo soy el hombre más bueno, ni siquiera el hombre más tierno, ni el mejor escritor.
El triunfo lo alcanzaremos si yo te idealizo a ti y tú me idealizas a mi. Y se da a la vez. Simultáneamente.

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