¿Por qué hay gente que se compra un coche capaz de correr muy veloz si, en las carreteras, el límite de velocidad está situado en 120? ¿No es un poco absurdo?
En las parejas, ocurre lo mismo. De nada sirve que uno pueda correr mucho si, a su lado, no tiene una persona con la que discurrir a esa rapidez.
Os habrá ocurrido que, a veces, hablando, la conversación no despega. Es como ese coche que, intentando circular a su velocidad por una autopista, encuentra un tractor.
Tú buscas - o te gustaría encontrar- alguien que saque a tu motor el mayor partido.
Y ahí andas, con el motor de un cohete, esperando en el angar, preguntándote si habrá en alguna parte la pieza que le haga disfrutar de un viaje que te permita tocar - o sentir- las estrellas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario