jueves, 23 de agosto de 2012

LA HISTORIA DEL OSO QUE BESABA CON LA NARIZ.



No todos los besos son igual de dulces, ni de suaves. Hay besos que tienen el sabor y la textura del melocotón. 

Otros son ásperos como una lija. No significa que no se den con amor. Tan sólo llegaron... antes del afeitado. Y, claro, pinchan. 

Hay besos que dejan la marca del carmín de los labios. Que algunos, avergonzados, se empeñan en borrar... como si no fueran una medalla.

Pero, es así. Nos dá vergüenza que nos quieran, que nos lo demuestren. No sé por qué será. Quizá no estamos acostumbrados. 



Luis llevaba su oso a todas partes. Iba con él a la calle. Dormía a su lado. Le abrazaba y acercaba su cara a la del Oso. 

Aquel oso quería mucho a Luis. Y le besaba, no con los labios, sino con la nariz. Y a Luis le gustaban aquellos besos... por su ternura. 



A los mayores también les gustaba aquel Oso. Y lo cogían. Y, a más de uno, les hubiese gustado que el Oso les hubiera dado también a ellos un beso. Pero, por vergüenza, no se dejaban. 


- Qué pensarían de ellos. "Dejarse besar por un Oso". 


Los mayores tienen esas cosas. Sólo dan muestras de cariño en la intimidad. Cuando nadie les ve. Entonces, sí. Entonces agarran un Oso y se lo acercan a la cara. A ver cómo de suaves son los besos que dá. 

Y miran al Oso fijamente y piensan: "Gracias, Oso". 

Porque hacía mucho tiempo que nadie les daba un beso tan dulce. Tan tierno. Tan suave.



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